Música clásica y jazz se extienden por los barrios pobres de Panamá

Entre la Fundación Sinfonía Concertante, que apunta a la enseñanza orquestal, y la Fundación Danilo Pérez, enfocada en la enseñanza del jazz, en Panamá se están ofreciendo una variedad de posibilidades a los jóvenes de los barrios más desfavorecidos, para los cuales la opción más sencilla es meterse a formar parte de una banda callejera.

Los barrios de Panamá están llenos de bandas,  uno de los problemas sociales más difíciles de solucionar en todo el país, causa de la pobreza, las inmensas desigualdades sociales, el sectarismo y la falta de educación, influido por la inmigración de Honduras y El Salvador, que llegan con fuertes antecedentes de delincuencia desde sus países. Casi en cada cuadra de algunos barrios de Ciudad de Panamá se reúne una de estas bandas de jóvenes, que juegan con la delincuencia, los robos, la extorsión y el abuso sexual.

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En la frontera de El Chorrillo, uno de estos barrios pobres con el Casco Viejo, en el centro histórico, que han ido restaurando y ocupando las clases adineradas, se encuentra la sede de estas dos fundaciones, una en diagonal a la otra en la misma calle.

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Durante el siglo XX se había perdido el interés en este barrio. Los antiguos propietarios se habían ido desplazando a las afueras y formado otro centro residencial moderno. Los grandes caserones del Casco Viejo fueron paulatinamente abandonados, se deterioraron y fueron ocupados por familias pobres. Sólo en los últimos 20 años se empezaron a dar cuenta del valor histórico y turístico de este barrio, se empezaron a comprar de nuevo estos edificios a muy bajo precio, desplazando progresivamente a sus habitantes, que se concentraron en las afueras del mismo. En la actualidad, no caben más habitantes y tienen que emigrar muy a las afueras de la ciudad, presionados por los ricos empresarios.

Ésta es la situación actual de uno de los barrios más conflictivos de Ciudad de Panamá, donde estas dos fundaciones se empeñan en trabajar e influir, comenzando a formar en valores a los más jóvenes a través de la música.

Cada una lo hace a su manera, y aunque la Fundación Danilo Pérez tiene más trayectoria y un reconocimiento nacional e internacional, las dos tienen mucho en común, comenzando por los objetivos de prevención, ocupación del tiempo libre en algo productivo y oportunidades de progreso para muchos niños y jóvenes sin recursos ni posibilidades de buena educación.

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Danilo Pérez es un pianista de jazz internacionalmente reconocido, que ha tenido una carrera exitosa fuera de Panamá (actualmente es profesor en la Universidad de Berklee, EEUU, premio Grammy y artista UNESCO por la Paz) y, viendo las necesidades de su país, quiso contribuir a mejorar la situación con sus propias herramientas, la música jazz. Tuvo la idea hace unos 25 años, pero quiso comenzar el proyecto afrontando la verdadera necesidad de la educación: la falta de profesores panameños bien formados. Para esto, en 2005, consiguió que el gobierno concediera becas de estudios a músicos con potencial para que estudiaran en tres de las escuelas de jazz más reconocidas del mundo, con las que Danilo Pérez había establecido acuerdos: la universidad de Berklee y la New England, en EEUU, y la Universidad de Puerto Rico. Ya en 2008, los becados comenzaron a regresar a Panamá y empezaron las clases especializadas de instrumento en la Fundación, aplicando y devolviendo a su país todo lo aprendido para ir mejorando progresivamente la situación.

Lo mejor que se ve en la Fundación Danilo Pérez es la gran importancia que se le da al Código de valores que están aplicando con la enseñanza musical, un listado de beneficios y consecuencias que todos los alumnos tienen que tener en cuenta y que los profesores, totalmente involucrados, transmiten en sus clases día a día.

Tienen un programa de Motivación Musical totalmente gratis para menores de 14 años, y a partir de esta edad todos deben realizar audiciones para pasar al Programa Creativo Musical, donde recibirán una educación especifica en el jazz y el instrumento escogido. Los más talentosos son becados y los que no tienen recursos pueden pagar su educación con algo de trabajo dentro de la fundación.

El dinero de las becas se consigue mediante el apadrinamiento de músicos, las presentaciones de los profesores en el bar de jazz Danilo’s, o en el Festival Panamá Jazz, organizados por la misma Fundación. De esta manera, se ha creado un conjunto de músicos comprometidos que ofrecen su trabajo y a su vez, se benefician del movimiento de actividades y la formación por músicos de prestigio que vienen también voluntarios a la Fundación, motivados por el ejemplo de Danilo Pérez.

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Isaac Casal, por su parte, es un chelista de grandes cualidades que, gracias a su dedicación y al apoyo moral de su familia, todos inmersos en el mundo de la música clásica, consiguió abrirse paso a nivel internacional inicialmente como primer miembro panameño de la Orquesta Joven de las Américas (YOA) y, más tarde, becado para estudiar en EEUU como profesor invitado en muchos programas sociales. Actualmente es profesor de la Universidad de Artes de Luisiana y a punto de obtener el doctorado. De la misma manera que su precursor Danilo Pérez, Isaac tenía la conciencia de aportar a su país otras posibilidades de progreso y desarrollo para su país y, a los 25 años, decidió formar una fundación dirigida en particular a los niños de escasos recursos de las áreas vulnerables de Ciudad de Panamá.

Aunque la fundación está activa desde 2008, por ahora sólo han tenido algo de financiación externa del Instituto Nacional de Cultura (INAC), que  les cede la sede para la escuela. Los demás recursos son propios y llegan a través del Festival Alfredo de Saint Malo, creado por la misma Fundación, al que van grandes maestros a tocar y dar clases cada año, y en la que se organiza una orquesta en la que participan por audición, jóvenes de todo Panamá.

Alfredo de Saint Malo fue el mejor violinista que tuvo Panamá y cada año el festival se dedica a un músico panameño. De esta manera, la familia Casal promueve también la importancia de la música de Panamá, dando a conocer los nombres de músicos panameños reconocidos en el pasado.

Actualmente cuentan con 15 profesores, la mayoría en proceso de graduarse, por lo que no cobran como profesionales, pero se benefician de las clases de profesores internacionales que llegan cada dos meses a la Fundación, así como de material pedagógico y partituras conseguidas por Isaac Casal. De esta manera, también están formando un círculo de músicos involucrados en el desarrollo social con interés por que la Fundación salga adelante. Tanto es así, que en el año 2013 se reunieron todos para confeccionar una Planificación Pedagógica propia que incluye Solfeo, Teoría de la música y guías para todos los instrumentos durante 4 años (prebásico, básico, intermedio y avanzado), 4 niveles que pretenden ser los años previos al comienzo en el Conservatorio, pero que aún falta articularlo con el INAC (Instituto Nacional de Cultura).

Además, la Fundación Sinfonía Concertante ha constituido la Red de Filarmónicas Infantiles y Juveniles de Panamá con la idea de extenderse e ir abriendo otras sedes en el futuro que beneficien a muchos más niños de otros barrios.

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Según diversas fuentes, al INAC aún le falta mucha organización. Gracias a una directora que fue primera bailarina del Ballet Nacional de Panamá, se han otorgado bastantes ayudas al sector socio musical, pero al no tener recursos propios, están atados a otros organismos del Estado. En 2012 hubo un proyecto de constitución del Ministerio de Cultura que fue sometido a votación y aprobado por todos, pero finalmente el presidente Martinelli lo vetó por causas que no fueron claras.

En Panamá aún queda un largo camino por recorrer en el sector cultural pero, por suerte, estas dos fundaciones están haciendo un trabajo estupendo en la Ciudad de Panamá, que va a ir progresando y extendiéndose por toda la ciudad y las regiones. Ambas fundaciones ya están recibiendo voluntariado nacional e internacional, pero estarían abiertas a recibir más voluntariado externo. Dos organizaciones donde los músicos profesores voluntarios pueden aprender y aportar mucho.

*Esta experiencia en Ciudad de Panamá ha sido posible gracias a Aleida Duarte, de la Fundación Danilo Pérez, a Essy Casal, gerente de la Fundación Sinfonía Concertante, con quien conseguí reunirme al final, a Samuel Robles, director de orquesta, gestor cultural y profesor de la Universidad de Panamá, que me ayudó a comprender la situación e historia de la música en Panamá y, sobre todo, a Guillaume Barros, que me ha acogido durante diez días en su acogedora casa superventilada del Casco Viejo, el mejor sitio de Panamá.

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